“Fuérzalos a Entrar” - Lucas 14:23

Por  Thomas Williamson
3131 S. Archer Avenue
Chicago, Illinois 60608

 


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     Cuando interpretamos las parábolas de Cristo, debemos tener cuidado de no interpretar mal estas parábolas.  Por ejemplo, cuando Cristo dijo en Lucas 16:8, “Y alabó el amo al mayordomo malo por haber hecho sagazmente,” esto no significa que Cristo apoya la conducta deshonesta del mayordomo injusto.  Significa que es bueno considerar las consecuencias de nuestra mayordomía para nuestro futuro.

     Cuando el señor, en la parábola de la gran cena, dice al siervo en Lucas 14:23, “Vé por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar, para que se llene mi casa,” no significa que debemos usar la compulsión en los asuntos de religión.

     En los siglos cuarto y quinto después de Cristo, los donatistas de Africa salieron de la Iglesia Católica para formar asambleas más puras según el ejemplo del Nuevo Testamento, y fueron perseguidos por la Iglesia Católica.  Los donatistas preguntaron al obispo San Agustín de Hippo (354-430 DC), “:¿por qué nos persiguen?,” y San Agustín respondió, “Porque la Biblia dice en Lucas 14:23, ‘fuérzalos a entrar,’  Tenemos un deber de forzarlos a entrar a la Iglesia Católica.”  En el siglo trece, el teólogo San Tomás Aquino usó este principio para justificar la Inquisición y su sistema de quemar a los creyentes neotestamentarios en la hoguera, para forzarlos a entrar en la Iglesia Católica.

     Hoy dia en los Estados Unidos, los enemigos de la fé no tienen el poder de perseguirnos.  Pero hay personas sinceras que creen que tienen un deber de usar una forma de compulsión, para arrastrar a la gente dentro del reino de Dios.  Usan métodos psicológicos para compeler a sus familiares a orar una oración, diciendo “Si repites las palabras de esta oración, serás salvo.”  Algunas veces parecen que ofrecen galardones o sobornos para atraer a los conversos.  Hay iglesias que ofrecen programas de entretenemiento y conciertos de música mundana, y otras iglesias que prometen prosperidad terrenal a sus oyentes.  Dicen, “La Biblia dice que debemos forzarlos a entrar - es nuestro deber obtener profesiones de fé por medio de cualquier método.”

     El celo de tales personas de ganar almas, en una edad cuando la mayoría de los cristianos son perezosos y no hacen nada para predicar el evangelio ni buscar almas, es digno de reconocimiento.  Pero debemos preguntar, ¿Quién es el siervo del Señor que tiene el deber de forzarlos a entrar en el reino de Dios?”

     La Gran Comisión dice, “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado,” Mateo 28:19-20.  Marcos 16:15 dice, “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.”  De veras, la Gran Comisión es una comisión grande - no es suficiente predicar a un grupo pequeño - tenemos el deber de predicar el evangelio al mundo entero, de bautizar a los creyentes, y enseñarles todo el consejo de Dios.  Esta es una comisión que provee para nosotros mucho trabajo, suficiente para ocuparnos y exigir todos nuestros esfuerzos hasta lo más posible.

     Pero no tenemos el deber de obtener profesiones de fé, ni de forzarle a nadie a entrar en nuestras iglesias.  En el Nuevo Testamento, El que tiene este deber de convertir a los pecadores es el Espíritu Santo.

         Por supuesto, somos colaboradores de Dios, servidores en el trabajo de plantar, de regar, de predicar el evangelio (1 Corintios 3:9) y por esa razón la Biblia habla de nosotros como los que tienen el poder de salvar de muerte un alma, Santiago 5:20.  Pero debemos recordar que la conversión de un pecador es la obra de Dios, no de nosotros: “Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios.  Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento.” 1 Corintios 3:6-7.  Jonás 2:9 dice, “La salvación es de Jehová.”  Filipenses 2:13 dice, “Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.”

     La salvación de los pecadores no depende en los humanos que corren con el evangelio, sino en Dios: “Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.” Romanos 9:16.   Los que son nacidos de nuevo “no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios,” Juan 1:13.  “El, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad,” Santiago 1:18.  “No puede el hombre recibir nada, si no le fuere dado del cielo,” Juan 3:27.

     Cristo dijo, “Ninguno puede venir a mi, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero,” Juan 6:44.  Es el Espíritu Santo que tiene la parte de traer a los pecados a Cristo: “Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio,” Juan 16:8.   Nuestra parte es ir por todo el mundo y predicar el evangelio a todos, bautizando y haciendo discípulos a todos los que el Espíritu convensa y traiga al Señor.  No tenemos el deber de convencer, de traer, de forzar a nadie - esta es la parte del Espíritu Santo.  Tal vez por esa razón la parábola de la gran cena de Lucas 14 habla de solamente un Siervo que fuerza a los pecadores a entrar en la casa de Dios.  Hay muchos cristianos, pero solamente un Espíritu Santo.

     Cuando entendemos nuestra parte en la obra de predicar el evangelio, no perderemos nuestro ánimo en el trabajo de la Gran Comisión, y no seremos desalentados.  Hay obreros cristianos que dicen, “He predicado a multitudes, he tocado miles de puertas, he repartido millares de folletos, pero nadie ha sido salvo.  Mi ministerio es un fracaso - voy a dejar de trabajar, voy a renunciar.”

     Pero debemos recordar que no es nuestra parte convencer a nadie ni forzar a nadie - esta es la parte del soberano Espíritu Santo.  En la parábola de la gran cena, el siervo forzó a algunos y no forzó a otros.  Todos oyeron la invitación a la gran cena.  Todos rechazaron la invitación.  Todos tuvieron la incapacidad de responder a la invitación a la gran cena.  Pudieron responder solamente con la ayuda del Siervo del Señor, con Su ministerio de convencer y de forzar a los pecadores. 

     Tenemos una responsabilidad de ir, de predicar, de anunciar el evangelio, de invitar a los pecadores, aun de adaptar nuestra presentación para las culturas diferentes, sin compromiso de la verdad, 1 Corintios 9:19-22.  Pero no tenemos una responsabilidad de convencer ni de forzar a nadie - esta es la parte del Espíritu Santo.  Vamos a estar fuerte con nuestra parte de predicar el evangelio, confiando en el poder del soberano Espíritu Santo que tiene el poder de convertir a los pecadores.

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